Hasta la vista, Navidad

Igual que llegó la Navidad con el “nananana” de Rafael que tantas mofas ha protagonizado, se va, y muchos querríamos cantarle eso de “Don´t leave me this way” que dic

e Somerville

“Don´t leave me this way”, “No me abandones así”, no me devuelvas a la rutina, al trabajo, las clases, los exámenes,… Justo cuando ya nos habíamos acostumbrado a las grandes comilonas y a un horario de lo más aleatorio, cuando dormíamos las horas que fuese a pesar de habernos acostado de madrugada, cuando las resacas no martilleaban tanto la cabeza al despertar porque teníamos todo el día libre por delante para recuperarnos. Sin embargo, por muy extraño que parezca, despedir esta Navidad a mí no me ha costado tanto como años anteriores (turrones aparte) y es que ha sido una Navidad demasiado poco Navidad.

Vale que no ir a la Plaza Mayor en Navidad viviendo en la capital es PECADO, pero ir sólo una vez, y de paso…Debería estar penalizado. A la cámara de gas. Eso de olisquear el asado sin poder degustarlo, probarte unos tacones que sabes que NO te vas a comprar porque triplican o cuadriplican tu presupuesto, inhalar el aroma de una pastelería con una cola de dos horas… Es demasiado cruel. Y es que, ¿Qué Navidad ni qué Navidad si no pruebas las castañas calientes de uno de los puestos mientras paseas por las calles de Sol? ¿Qué Navidad es esa sin que alguien en plena Plaza Mayor haga la bromita (con una vez basta) de gritar “Chenchooo, Chenchooo” imitando la voz de su desesperado abuelo? ¿Y el cotizado chocolate o café con leche en la cafetería de la misma Plaza? Que vale, sí, el bolsillo lo nota, pero es que, en Navidad… En Navidad es ley. Y ya se sabe que, una vez al año, no hace daño.
Siempre los habrá que prefieran comprarse el prefabricado Frappuccino megaguay americano e ir con él por la calle enfundados en maxi abrigos de último modelo dando pequeños sorbitos como si en el Upper East Side neoyorquino se encontrasen, con su móvil de última generación en la mano como haría la mismísima Serena Van der Woodsen con la BSO de Gossip Girl de fondo y el saludo de la Reina Cotilla en su cabeza “Wakey wakey, Upper East Siders”

(Que sí, que todos lo hemos hecho alguna vez, vaaale, no vamos a negarlo, yo la primera) Pero, ¿Qué es el sueño americano comparado con la tradición de nuestro querido Madrid?
Una cosa que sí que he hecho estas Navidades y que me permite aliviar el sentimiento de culpabilidad de haberlas desaprovechado, es visitar las tiendas de segunda mano de la zona de Malasaña, barrio de culto para todo el que tenga algún tipo de amor al arte, al modernismo y a la vida misma, ¿Quién quiere llevar ropa que tienen tropecientas personas más en todo el mundo? No nos engañemos… A nadie le gusta encontrarse en la misma discoteca a un personaje con el mismo modelito que te has comprado hace menos de dos semanas en la tienda plin por no sé cuál cantidad de dinero. Modelito que además habías combinado con esos pendientes y aquellos tacones para causar sensación y poder cantarle a fulanito de tal lo de Ana Torroja “Mira ahora, mira ahora, puedes mirar, que ya me he puesto el maquillaje je je y tengo una imagen que vas a alucinar, y me vas a querer besaaar”
Pero ella ha tenido que comprárselo justo igual y combinarlo casi idénticamente a ti… “Tú estás más delgada, a ti te sienta mejor” “Tú eres más guapa”. Siempre tenemos al lado a la/el típica/o amiga/o consolador/a que nos intenta animar pero, la noche ya está perdida. Por eso me encantan las tiendas de Malasaña, cada cosa que encuentres será tuya, sólo tuya, tu tesoro, tú serás la única persona sobre el planeta que inventará una nueva historia con ella y que además te siente como un guante. No nos engañemos, encontrar allí algo NO es tarea NADA fácil, sin embargo, una vez lo encuentras, lo ENCUENTRAS y ya no te separas de ello, aunque no te hubieses planteado gastarte tal indecente cantidad de dinero, aunque tuvieses mil pantalones o tops parecidos. Porque de repente, se convierte en un artículo necesario, no puedes volver a casa sin ello, antes mueres.
Olvidando tanto consumismo, no se queda lejos de mi sueño navideño pasear inspirando el frio y echando esas nubecillas blancas que no molestan a nadie… (¡Ay! Las molestias de los cigarrillos, ¡Con lo que me gustan!), hay quienes los prefieren en compañía de su música, otros en la de alguien (algún amigo o amiga, amante, novio o novia,…quien sea), pero estos y aquellos no pueden negar la delicia de estos paseos por las calles madrileñas llenas de vida y de caras y narices rojas…Y de luces (pero ¡QUÉ! Luces). Sintiéndolo mucho por el actual alcalde y los inmediatamente anteriores la verdad es que la iluminación de la capital no me atrae mucho y, bueno, me gusta el arte abstracto (¡Claro que sí!) Y me gusta Picasso. Y todos sus períodos. Y el cubismo. Y todos los ismos. Pero de ahí a colgar rayos y centellas por todas las calles… Hay un paso (un SEÑOR Paso). Con tanto rayo colgando y estalactita cayendo me da la sensación de estar en el comedor de Hogwarts…Y no es que tenga nada en contra de Harry Potter, para nada, pero así entre los edificios, digamos que no me emociona mucho, vaya… Por supuesto algunos estarán encantados con esta geométrica decoración, incluso habrá quienes esperen expectantes la llegada del invierno para que ilumine las calles, y es que ¡Para gustos colores, oiga! Los demás, entenderán de lo que hablo.
Otro tema clave e imprescindible en Navidad son las Películas obligatorias de Navidad.
Y es que es plan de culto el de peli con manta y una taza con algo caliente entre las manos, con compañía o sin ella, dependiendo de cómo venga el día. En este punto puedo afirmar que sí he cumplido mis expectativas y es que en mis poco navideños días no ha faltado Jude Law llorando en The Holiday (si es que es TAN guapo), ni Colin Firth con su jersey de reno de lana en El diario de Bridget Jones o (por supuesto) yendo corriendo a buscar a su amor portugués después de haber dado un curso de su idioma en Love Actually (Love, actually, is all around) ¿Y el pequeño Sam corriendo por todo el aeropuerto para despedir a su querida Joanna? Pero, además de tanto pastelón, lo genial que es Billy Mack (la “estrella de rock”) merece un reconocimiento “Hola niños, mensaje importante de vuestro tío Bill: No compréis drogas… ¡Haceos estrellas de rock y os las darán gratis!”.
Por todo lo que no he hecho (y lo que he hecho poco) estas Navidades, las típicas fiestas se me han antojado algo insulsas pudiendo catalogarse más bien como unos cuantos días sin trabajo ni clases que añadir a la lista de “Tiempo perdido”, así que me he prometido a mí misma, como primer propósito en la lista de este nuevo año, que las Navidades que vienen me las tomaré más en serio.

Puede haber quien no lo entienda, porque la música no basta con escucharla, hay que saber escucharla.

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