Llora España. Blanco o negro, el gris no existe

Hace cuatro años escribí esta crítica a una exposición de Florentino Díaz en la galería Astarté de Madrid, hoy tenía que volver a compartirla. Hoy porque me sangra España.

 

“Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra”Cantaba Cecilia hace muchos años. Cantaba a la misma España que fue en un tiempo tierra de grandes reyes, el más vasto imperio del mundo conocido, la que unida consiguió deshacerse de un prestigioso ejército de casacas azules contando tan sólo con la fuerza ciudadana. La misma que sangró dolor, sufrimiento y opresión hasta quedar seca en el siglo XX (ya nos dicen los viejos, que en este país hubo una guerra…) Cantaba a la España de que unos quieren huir mientras otros observan derrumbarse al amparo de una “relaxing cup de café con leche”. Pero, ¿Qué es España si no sus gentes, las personas que la constituyen? Porque, al contrario de lo que muchos creen, España no es un símbolo, ni una bandera, ni un himno con o sin letra. Es su sociedad y es por tanto esta la única responsable de todo lo que le pasa, en lo bueno y en lo malo, en la salud o en la enfermedad. Esto último es precisamente lo que denuncia Florentino Diaz en su última exposición en la galería Astarté; la enfermedad de España, su podredumbre. Nos muestra un país que como el marco de una vieja puerta antaño útil se apaga esperando el golpe de gracia que haga desaparecer su forma para siempre o la transforme insuflándole un nuevo significado.

Florentino Díaz se alza como el nuevo Ibañez, introduciendo además en su obra cabezas o miembros de sus personajes como si de un macabro experimento del Bacterio se tratara. Así, como el dibujante hizo en su tiempo, Diaz critica la sociedad española actual, esa gente que parece desahuciada de su propio país de manera que ni lo siente como tal ya que; por un lado sus mismos representantes (electivos o no) paradójicamente no la representan en absoluto y, por otro lado sus mismos iguales, por estas razones, tachan, a quienes muestran amor por el país, de ser de una ideología u otra concretas. Así, España se desmorona; como las puertas de Florentino o el puente de Goya, se dirige a ninguna parte. Sin embargo, seguirá siendo España mientras quede un insensato que, sintiéndose español enamorado de su tierra, esté dispuesto a luchar por ella. Como dice el himno cantado en la Segunda República española:“La patria nos llama a la lid, ¡Juremos por ella vencer o morir!” . Independientemente de las ideologías, creencias, pensamientos o simples razonamientos que pueda haber de por medio, cualquier persona puede sentir amor por su gente y mejorar el futuro de esta sin necesidad de un cambio drástico a gran escala. Y es que, ya nos dijo C.S.Lewis en el prefacio de su obra Cartas del diablo a su sobrino: “Un pequeño hombre puede evitar, en ocasiones, un error cometido por un gran hombre”.

 

Así, ¿De qué sirve lamentarse por nuestra mala suerte? ¿A qué fin llorar una y otra vez las desgracias que nos atormentan? Es claro que el resultado no será otro que caer en mayor medida en el desasosiego de saber que sufrimos por la culpa de otros. Quizá en un principio ayude a desahogarse, a liberarse del peso que nos cargan manos ajenas sobre los hombros, pero, a la larga, es un método de perfecta autodestrucción personal depresiva. Y digo yo, los lamentos, las quejas (no sólo en lo referente al tema comentado, si no en general) sólo pueden considerarse “buenas” si son constructivas y por lo tanto aportan una posible mejora, si las quejas que tenemos no son constructivas y no damos suficiente valor a aquello de que nos quejamos como para tratar de mejorarlo, entonces, tal vez deberíamos retirarnos y desentendernos del tema hasta su última consecuencia. Como U2; “with or without you”.Blanco o negro, el gris no existe.

2 comentarios en “Llora España. Blanco o negro, el gris no existe

    • Disculpa el retraso en mi respuesta. La verdad, querido Pablo, es que Holly nunca dejó la pluma. Quizá se te antoje el motivo de la ausencia de publicaciones una estupidez pero se le rompió el ordenador y no ha sido sino este pasado año cuando ha podido repararlo. Holly tuvo otro ordenador pero se negó a escribir de otra manera que no fuera por medio de su puño y letra (y no otras teclas) hasta que pudo repararlo. Siempre ha sido fiel a sus queridos.

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